La Tajadera (núm. 31), noviembre-diciembre de 2021 La comarca del Jiloca se ubica en un espacio que alterna el paisaje montañoso, jalonado por multitud de cerros y promontorios, con los fondos de valles formados por los ríos Jiloca y Pancrudo. En concreto, la cuenca del Jiloca se extiende a lo largo de un cauce de 126 kilómetros, de Cella a Calatayud, y casi 2.600 km 2 de extensión. Desde los primeros pobladores, en época íbero-romana, el curso del Jiloca fue trabajado para el riego a través de prados, acequias y regadíos. En la Edad Media se añadió la energía hidráulica, mediante molinos y batanes. En siglos posteriores nacieron pequeñas industrias que aprovecharon su caudal como energía hidráulica y, llegado el siglo XX, para generar energía eléctrica (hoy, en su mayoría, en lamentable estado de abandono). Por tanto, alrededor del Jiloca nacieron gran parte de los pueblos de la comarca, se desarrolló su agricultura (azafrán, borraja, etc.), arquitectura (lavaderos, molinos, batanes ...