157. El velódromo de Tirador, una historia recuperada

Diario de Mallorca, 15 de mayo de 2018

El pasado miércoles 2 de mayo se presentó en Palma El velòdrom de Tirador. Una història de l'esport a Mallorca (Illa Edicions), libro que pretende culminar la recuperación de uno de los elementos de mayor trascendencia social y deportiva de Palma durante el siglo XX. Después de decenios de olvido, y cuando parecía condenado a la desaparición, varios artículos publicados de este diario (Diario de Mallorca, 16/6/2014, 2/11/2016 y 13/11/2017) intentaron reivindicar su memoria y recuperación merced a su papel clave durante varias décadas desde su inauguración en 1903 y su clausura en 1973. Poco a poco, parece que el estado de opinión ha variado sustancialmente. 

Tirador nació ligado a los inicios de la práctica deportiva en Mallorca en la década de 1890, al nacimiento del deporte competitivo y su consolidación como evento de masas canalizado a través del ciclismo y cristalizado en la competición en pista. Su gestación fue causa y consecuencia del fenómeno social que supuso la eclosión del ciclismo en la sociedad mallorquina y su implantación como principal deporte de la isla durante décadas, mucho antes de la llegada de otros deportes y de que el fútbol se impusiera como deporte rey. Un hecho tan esplendoroso en su momento como olvidado a día de hoy: los más jóvenes desconocen su existencia y lo que significó, e incluso muchos veteranos pensaban que había desaparecido. La tradición ciclista mallorquina en pista, abanderada durante décadas en el cemento de Tirador, parecía olvidada y enterrada. 

La pista fue clave para el desarrollo del ciclismo nacional. Desde su inauguración en 1903 se puso al frente del ciclismo estatal y pronto recibió el título oficioso de "catedral" del ciclismo español, ostentándolo durante seis décadas a pesar de su lejanía respecto a los principales focos deportivos del momento: Cataluña, Madrid y País Vasco (en 1929 la liga de fútbol se fundó con diez equipos: cuatro vascos, tres de Barcelona y dos de Madrid, algo sintomático), así como el difícil acceso desde cualquier punto de la península. Tirador acogió unos 70 campeonatos de España en todas sus modalidades, otros tantos de Balears y pruebas de ámbito internacional (las primeras se remontan a 1906) que situaron Mallorca en el circuito deportivo mucho antes de que el turismo se desarrollara a gran escala. Solo le faltó la organización de un campeonato europeo o mundial, al cual optó en varias ocasiones entre 1905 y 1947, pero sin alcanzarlo. Un hito que sí alcanzó Anoeta (San Sebastián) en 1965, que señaló simbólicamente el final de su reinado como pista de referencia y su declive hasta ser clausurado en 1973. 

Tirador también fue un espacio polideportivo, pues fue punto de inicio para otros deportes cuando estos llegaron a la isla y carecían de un espacio adecuado. Allí se desarrolló el fútbol desde 1903 y se celebraron combates de boxeo, carreras de atletismo, partidos de baloncesto y de tenis, motociclismo, patinaje o tiro. Desfilaron personalidades de primer orden como el campeón del mundo de boxeo de los pesos pesados, Jack Johnson (1917) o la pionera del ciclismo femenino Alfonsina Strada (1926). Sobra decir que los grandes ciclistas del momento en pista pasaron en algún momento durante sus siete décadas de historia. Y fue testigo de otros acontecimientos como la elevación de globos aerostáticos, exhibiciones del acróbata Mestelrich y espectáculos musicales. En fin, además de su vertiente deportiva nos hallamos ante un punto de encuentro social de primer orden del siglo XX. 

El velódromo también es una audaz obra de ingeniería de su tiempo, que con el paso de los años ha adquirido un valor patrimonial de primer orden. Es preciso destacar que es el duodécimo velódromo más antiguo del mundo y el único que no está actualmente en uso, gracias a lo cual permanece en un estado casi inalterable porque se encuentra casi tal cual fue inaugurado, ahora hace 115 años, salvando las consabidas obras de mantenimiento y el añadido del Xalet de Gaspar Bennàzar, construido en 1918. Ahora parece una instalación modesta; pero en su momento fue un ambicioso ejercicio de modernidad, una obra construida a conciencia, sólida y con afán de perdurabilidad, como así ha sido: después de 45 años cerrada su degradación es sólo superficial y perfectamente recuperable. Todo ello la convierte en una pieza excepcional a nivel mundial y tal vez la única de estas características. Una joya patrimonial y un elemento diferenciador que muchas grandes ciudades querrían para sí mismas y que Palma tiene la fortuna de que haya sobrevivido. 

La pista ha llegado hasta nosotros gracias a una milagrosa conjugación de circunstancias favorables, ya que en más de una ocasión estuvo en un tris de desaparecer. En varias ocasiones sus antiguos propietarios planearon rehabilitarlo en profundidad o reemplazarlo por instalaciones más modernas. También pudo desaparecer engullido por proyectos urbanísticos municipales, el último de ellos para dar lugar a la segunda fase del parque de Sa Falca Verda. Cuando su expropiación culminó hace tres años, después de múltiples recursos judiciales, el proyecto de Sa Falca Verda había sido recientemente archivado para trabajar sobre un diseño basado en recuperar la pista. Entre proyectos fallidos y abandonos, entre disputas y pleitos, y con una gran dosis de fortuna, Tirador ha conseguido salvarse.

En definitiva, la publicación de El velòdrom de Tirador. Una història de l'esport a Mallorca, escrito por quien firma el presente artículo, pretende recuperar la historia del velódromo reivindicando sus múltiples facetas –deportiva, social, histórica, cultural y patrimonial–, propone dar solidez argumentativa a su rehabilitación para uso ciudadano e intenta recuperar una de las etapas deportivas más gloriosas de Mallorca desenterrando el mito de la legendaria "catedral" del ciclismo, que nunca debió olvidarse como referente social excepcional. Tal vez ahora la situación sea tan irreversible como esperanzadora y, en poco tiempo, el velódromo de Tirador reviva para protagonizar el segundo siglo de una vida deportiva apasionante.

156. L'Orquestra Simfònica

Diario de Mallorca, 11 d'abril de 2018

Des de la creació de l'Orquestra Simfònica de les Illes Balears l'any 1989 (tot i remuntar-se a 1947, gràcies a la tasca del recordat director coreà Eak-tai Ahn) ha estat un dels màxims referents culturals de les Illes Balears com li correspon a la categoria privilegiada i excepcional que un conjunt simfònic ha de tenir dins la seva societat. No obstant, en els darrers anys la situació que viu és indigna d'una orquestra de nivell que aspira a oferir un servei cultural i social en condicions a la comunitat a la qual serveix, tal com ha fet fins avui. Una orquestra que hauria de comptar amb almenys 80 músics per abastar tots els seus objectius es troba a dia d'avui que, amb prou feines, compta amb 61 músics titulars. La situació ve de lluny, perquè les institucions responsables no ha convocat oposicions des de 2009: és a dir, des de fa gairebé deu anys. A hores d'ara és l'orquestra espanyola que duu més temps sense convocar-ne, una fita preocupant. La conseqüència ha estat la pèrdua d'unes quinze places entre jubilacions, excedències i defuncions, a les quals se n'haurà de sumar tres o quatre més en els propers anys. Inexplicablement cap d'aquestes places ha estat coberta amb el corresponent procés d'oposicions per a la seva reposició, tot i una acumulació de baixes que ja comença a ser alarmant.

La política de les institucions ha estat, fins ara, de cobrir les places mitjançant contractes en règim temporal. Aquestes contractacions no ajuden a mantenir la qualitat del conjunt: a més de ser incorporacions breus i inestables no cobren per salari, sinó per dies treballats. Aquest fet està repercutint en la qualitat de l'orquestra, que no incorpora elements estables a la plantilla com és habitual en aquest tipus de conjunts, ni pot fer els relleus generacionals interns sense que la seva qualitat sonora se'n ressenti. A això s'ha d'afegir l'envelliment progressiu de la Simfònica, que a dia d'avui no té cap músic més jove de 35 anys. En aquestes condicions cada vegada és més difícil que l'orquestra mantingui una plantilla estable i que el conjunt mantingui el nivell adequat. Fins i tot entre el personal administratiu han hagut baixes, que tampoc han estat cobertes. Des de les institucions s'argumenta que no es pot fer cap convocatòria fins que no es compleixin determinats tràmits previs, especialment la redacció d'una RLT (Relació de Llocs de Treball), requisit burocràtic indispensable per a escometre una ordenació de personal. Però no es pot entendre com poden tardar tant en complir aquests tràmits, fins el punt d'allargar-se durant anys sencers.

Des de l'inici de la crisi les coses han empitjorat progressivament. Les retallades sobrevingudes varen fer perillar, fins i tot, la supervivència de la Simfònica. Es va especular amb l'acomiadament de fins una quarta part dels músics (!) a canvi de la supervivència de la Simfònica, però el suport social va avortar aquest disbarat. L'acord de viabilitat signat posteriorment (2014-16) li va permetre sobreviure, però condicionat a no cobrir cap vacant que sobrevingués, la qual cosa va mantenir la mateixa situació d'estancament. Una vegada esgotat el termini de l'acord la plantilla de l'orquestra s'ha continuat aprimant i recorrent a contractacions temporals per cobrir les seves necessitats puntuals. És a dir, res ha canviat.

Darrerament s'han donat algunes passes esperançadores, però no suficients. El febrer la Fundació Orquestra Simfònica va iniciar els tràmits per obrir una borsa de feina, prèvia resolució de jubilacions encara pendents i d'acord amb la confecció dels pressuposts. La borsa s'ha convocat recentment, abasta totes les línies d'instruments i permetrà ordenar el règim de contractacions; però no resoldrà la temporalitat dels músics incorporats, amb contractes de 45 dies màxim per a substitucions o excedències. La borsa no suprimirà una precarietat que no beneficia l'estabilitat de la Simfònica ni la qualitat artística del seu conjunt. Tampoc ajuden altres factors, com la Llei Montoro, que estableix un sostre de despesa que impedeix fer la inversió suficient per atacar la situació.

Aquí no acaben els problemes, perquè la Simfònica continua mancada d'un local propi. Fins fa quatre anys ocupava un antic estudi de gravació a Son Dameto, que era una solució provisional fins tenir un local en condicions. Ara mateix manca d'un espai propi idoni per assajar i donar els concerts. L'abril de 2016 la fundació Fundatur va anunciar una partida de dos milions d'euros per construir la nova seu de la Simfònica, l'anomenada Caixa de Música, en el barri de Nou Llevant. Les obres havien de començar durant 2017 per poder-se inaugurar enguany, però no ha estat fins dates recents que s'ha presentat l'avantprojecte i s'ha afegit un milió d'euros procedent de l'ecotaxa. És una bona notícia, però els terminis previstos fan presagiar que l'inici de les obres i la seva posada en funcionament encara estaran lluny dels terminis marcats inicialment.

En conjunt, a hores d'ara la situació de la Simfònica és molt complicada. Entre l'eternització dels tràmits, la manca de relleu generacional i de reposició d'efectius, l'absència d'una seu estable, la precarietat laboral de les noves incorporacions, la incertesa generalitzada i la manca d'una implicació institucional decidida és un miracle que el seu rendiment continuï essent òptim. Si no es posa remei en poc temps la precarització li pot acabar passant factura a l'orquestra i entrarà en una fase de decadència artística irreparable que li farà perdre el suport del públic que, fins ara, li ha fet costat. Refer i aixecar una orquestra des de baix és una tasca que pot costar anys aconseguir i, si no canvien les coses, ens acabarem trobant en aquesta situació. Quan ja sigui massa tard.

155. La Fundición Carbonell, cien años de fútbol alternativo en Mallorca

Diario de Mallorca, 19 de marzo de 2018

La historia está llena de protagonistas anónimos o colectivos, muchos de ellos por descubrir y valorar, sin que sus propios descendientes sean conscientes de su huella ni de la trascendencia que han tenido para que lleguemos a ser lo que hoy somos. Pasa el tiempo y el rastro, por lejanía o dejadez, se desvanece. Es el caso de la desaparecida Fundición Carbonell, una pequeña industria siderúrgica de Palma que tenía sus instalaciones en el nº 39 de la Calle de la Protectora en el antiguo Hort d'en Moranta, a la altura del actual trazado de la Av. Jaume III. La empresa, conocida popularmente como Can Salí, se dedicó a la construcción de maquinaria pesada: segadoras, calderería, aserradoras, prensas de aceite, molinos harineros, norias, motores, maquinaria a vapor, aparatos agrícolas e industriales, soldaduras autógenas, piezas y recambios de todo tipo. Un papel difícil de imaginar para quienes creen que el despegue económico de la isla sobrevino con el turismo y que éste fue el motor exclusivo de su desarrollo, lo cual es totalmente falso. Pero en el caso de la Fundición Carbonell su olvido es doble, porque tuvo un papel decisivo en otro ámbito: el deportivo. El empuje de sus trabajadores y sus ansias de progreso, de modernidad y de ocio, dieron como fruto un proyecto que, a día de hoy, subsiste después de casi un siglo. 

El 3 de abril de 1919 el gobierno español había aprobado el llamado Decreto de la jornada de ocho horas, que permitió a la clase trabajadora gozar de unos horarios de trabajo asumibles, lejos de las duras jornadas de diez o doce horas diarias (o más), después de una larga etapa de huelgas, movilizaciones e inestabilidad social en el país. A consecuencia de ello, o como acicate decisivo, los obreros de Can Salí dispusieron de un tiempo de ocio del que habían carecido hasta entonces y decidieron formar un equipo de fútbol. Era algo inaudito, pues entonces el fútbol mallorquín apenas existía, no había federación y solo las clases acomodadas lo practicaban para su esparcimiento, sin regularidad ni disciplina alguna. Solo había un club estable: el Alfonso XIII FC (actual RCD Mallorca), que paradójicamente no tenía rivales locales y viajaba a la península para poder jugar con conjuntos de entidad –o los traía a Mallorca–. 

A principios de abril de 1920 la prensa se hizo eco del nacimiento de un equipo "en la factoría de los señores Carbonell" (sic). Fue toda una novedad porque entonces los equipos tan pronto surgían como desaparecían, formados por ociosos jóvenes de clase alta o de la raquítica clase media existente. En ese contexto los de Can Salí fueron el verso suelto, la oveja negra, a priori el conjunto más débil; pero paradójicamente sobrevivieron a todos los demás. Por su origen humilde carecieron de estatutos y organización, ni siquiera se registraron como asociación por el gasto que conllevaba para sus pobres bolsillos. Vestían completamente de blanco y no tuvieron presidente, ni cabeza visible. 

No estuvieron solos del todo, pues tuvieron un compañero de viaje: el equipo de trabajadores de la compañía naviera Isleña Marítima, que adoptó el nombre de Mecánico. La conexión entre sendos equipos era evidente: la Fundición Carbonell se encargada de fabricar y reparar las calderas de los barcos de la Isleña, así que sendos grupos tuvieron un contacto regular que se extendió del ámbito laboral al deportivo. Poco después, el 25 de abril de 1920, el Fundición Carbonell y el Mecánico jugaron el primer partido del cual tenemos noticia en el Velódromo del Tirador. Fue el primero entre conjuntos obreros en la historia de Mallorca y se impusieron los de Can Salí (2-1). 

Poco después el conjunto fue rebautizado como Mallorca (el actual club bermellón no adoptó este nombre hasta 1931) porque su éxito había atraído a obreros de otras factorías, especialmente de Santa Catalina. A mediados de noviembre de 1920 se fusionó con el conjunto de la Isleña Marítima y el nuevo club adoptó un nombre muy familiar en el fútbol local: el Baleares FC, que desde 1942 trocó por CD Atlético Baleares. Adoptó el pantalón blanco de los de Can Salí y la camiseta blanquiazul de los operarios de la Isleña, unas señas de identidad que provienen de ese momento y que han permanecido (casi) inalterables durante 98 años. 

Después de un siglo aquel modesto grupo de trabajadores del metal ha competido sin interrupción hasta ser uno de los clubes de mayor solera y tradición de Mallorca, aunque casi cien años después su historia todavía se desconoce casi por completo. Su descendiente directo, el club balearico, aún no les ha otorgado la relevancia que merecen, como hace cualquier entidad orgullosa de sus orígenes, ni los ha incorporado a su historiografía oficial de manera clara y concisa para que sus aficionados tengan conocimiento, fiándolo todo a partir de 1942 y relegando a los "padres fundadores" al olvido. El tiempo, juez implacable, corre en contra de aquellos pioneros intrépidos y transgresores avanzados a su tiempo, borrando su legado y obviados por sus propios descendientes. La historia la escriben los vencedores; pero sus protagonistas también, y no necesariamente para bien.