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560. Pregón de las Fiestas de Fuentes Claras

El Comarcal del Jiloca, 28 de agosto de 2026 (núm. 711)

Querido pueblo de Fuentes Claras, autoridades, amigos, familiares, fuentesclarinos todos.

Para mí es un honor, muy, muy grande, y un privilegio dar el pregón de las fiestas. Por lo que representan para todos vosotros, pero también por mi historia y mi vínculo con Fuentes Claras. De aquí eran mis abuelos, Joaquín Gargallo y Obdulia Lázaro; y mi madre, Humildad Gargallo. Por eso soy conocido por los mayores como el hijo de la Humildad, aquella fuentesclarina que emigró en los años 50, como hicieron muchos otros fuentesclarinos en aquellos tiempos.

Aún recuerdo que, viniendo desde Barcelona, cada verano nos pegábamos seis horas de coche; entonces no había autopistas, ni aire acondicionado, ni dirección asistida. Peor lo pasaba mi hermano Joaquín, cuando el viaje era de hasta ocho horas y venían en una moto con sidecar (luego que los mayores expliquen a los más jóvenes qué es un sidecar).

Aquí pasábamos los veranos en la casa que teníamos en la calle del Cubo. Ya entonces, en los años 80, Fuentes Claras era mi casa; aquí cogía la bicicleta y hacía más kilómetros que nadie, en solitario, por calles, caminos y carreteras. Algo impensable en la gran ciudad: allí sigo sin cogerla nunca. El pueblo siempre fue un oasis donde refugiarme (eso sí, el oasis con más agua que he visto). El refugio perfecto para volver, descansar y sentirme en casa, por muy lejos que estuviera. Ahora vivo en Mallorca, la distancia es mayor. El vínculo se mantiene, con altibajos, pero ahí sigue. Además, traje a Sonia, mi mujer, ¡y ahora es ella la que me pide volver!

Con el tiempo se van los que te rodean: abuelos, padres, tíos... Las personas se marchan y la distancia pesa, pero siempre quise que el vínculo siguiera vivo. Además, sentí la necesidad de aportar algo más y ayudar al pueblo según mis posibilidades. Dificultades como la despoblación o el desempleo están ahí y muchos pelean para que Fuentes Claras siga teniendo vida. Por eso puse en marcha lo que llamo mis “aperos de labranza”: la escritura y la investigación.

Escribiendo sobre el pueblo encontré un lugar fascinante. Personajes como el autor de los Gozos del Pilar, un general de la primera guerra carlista o un diputado de las Cortes de Cádiz. Hechos sorprendentes, como la visita de la Virgen de Fátima, el ferrocarril Barcelona-Madrid que nunca se construyó o el récord del frío. Y lugares apasionantes, como la cantera de muelas de molino, el yacimiento romano o el castillo medieval. ¡Y esto solo para empezar! Encontré mucho más de lo que conocía, lo que me permite decir que Fuentes Claras tiene motivos sobrados de orgullo, personalidad propia y buena gente para seguir adelante. El pueblo no es menos que nadie: es único, inimitable ¡y todos bien majos! Ya tenemos libro, algo que queda para siempre.

Todo esto lo hice movido por el cariño y la gratitud a un lugar importante en mi vida (¡y en la de todos!). Me siento privilegiado de dar a conocer por escrito al mejor pueblo del Jiloca (y ya puestos, de Aragón), recuperar su memoria pasada como referencia para el presente y como herramienta para nuestro futuro.

Ahora sigo siendo Manolo, el hijo de la Humildad (el pequeño, que somos dos); pero muchos me conocen ahora como el escritor del pueblo; no es mal título. Y he recibido la mejor recompensa posible: que hayáis acogido este trabajo como propio. Porque, en el fondo, todos sois autores de sus páginas.

Voy acabando, porque ahora toca disfrutar de nuestros amigos, familias y de nuestro pueblo. Que quienes regresan se sientan en casa; que quienes nos visitan comprendan por qué queremos tanto este lugar; que todos podamos gozar de decir: este es nuestro pueblo. El mío, también.

Vivamos estos días con alegría y con ganas de compartir. Tenemos libro, pero aún nos queda mucho por vivir. Ya solo queda dar comienzo a lo que todos estáis esperando. Sed todos bienvenidos y que empiecen las fiestas.

¡Viva mi madre, viva la Virgen de los Navarros y viva Fuentes Claras!