La Tajadera (núm. 86-87), julio de 2026
Fuentes Claras cuenta con cultivos de naturaleza muy diversa. Desde los regadíos situados en las cercanías del núcleo urbano, aprovechando la fértil vega del Jiloca, hasta los extensos secanos a ambos lados del término municipal, proporcionando gran diversidad al agro local.
Tradicionalmente, los cultivos predominantes han sido productos como la avena, el cáñamo, la cebada, el centeno, las patatas o el trigo. Capítulo aparte merece el azafrán por su calidad y su alto precio, cuyo cultivo casi desapareció por la laboriosidad exigida, pero que hoy vive un repunte prometedor. O la remolacha, que llegó con fuerza a principios del siglo XX para nutrir la producción de azúcar impulsada por la azucarera de Santa Eulalia del Campo.
En cambio, otros cultivos que tuvieron gran presencia hoy casi han desaparecido. Es el caso de la vid, que hasta el siglo pasado abarcaba importantes extensiones de terreno (en los años 80, unas 225 hectáreas). La uva se destinaba sobre todo a elaborar vino de consumo casero o venta a escala comarcal, pues la cantidad producida no daba para gran comercio o exportación.
Gracias a la vid, en Fuentes Claras existieron numerosos trujales. Todos estaban en el barrio de El Santo, ya que las vides cultivadas se localizaban en esa zona. El trujal daba nombre a lugares con diversas funciones; lo más común era que se refiriese a la prensa de piedra que estrujaba la uva (de ahí el nombre). En ella también podía exprimirse la aceituna, aprovechando que las épocas de cosecha eran diferentes (la uva, entre agosto y octubre; la aceituna, entre octubre y febrero) y que el prensado era similar. Cuando la prensa se dedicaba sobre todo a la aceituna era más común llamarlas almazaras.
Por extensión, el trujal también daba nombre al estanque en que fermentaba la uva, al lagar donde se pisaba o el depósito donde se almacenaba. Por tanto, podía ser un trujal cualquier espacio relacionado con el proceso de elaboración del vino.
Para la comercialización del vino en Fuentes Claras existió la Cooperativa San Roque, que agrupaba los productores del pueblo. Dicha cooperativa mantuvo en El Santo una báscula de pesaje, situada en el inicio de la vieja rampa del ferrocarril, donde se pesaba la mercancía para luego proceder a su venta y transporte.
A finales del pasado siglo todo cambió radicalmente. La mejora de las infraestructuras de comunicación y de los suministros favoreció la llegada de productos vinícolas, en cantidad y de mejor calidad. Solo algunas zonas de Aragón, como el campo de Cariñena, pudieron mantener el ritmo de producción y competir en condiciones. Esto causó que el cultivo local de vid se redujera gradualmente y la producción de vino desapareció.
Así, los trujales perdieron su razón de ser y fueron abandonados. Del gran número que hubo en El Santo hoy solo quedan algunos, fuera de uso y en ruinas. Idéntico destino tuvo la báscula de la cooperativa: el solar quedó abandonado hasta que fue cedido al Ayuntamiento para construir el actual parque de San Salvador, construido en 2008. Hoy no queda rastro del gran protagonismo que ostentaron la vid, el vino y los trujales en la economía de Fuentes Claras.