Última Hora, 22 de mayo de 2026
Texto: Manuel Aguilera
Llegaban de noche en un camión. Bajaban dos hombres y los hacían saltar de dos en dos: ‘Podéis bajar, os quedaréis aquí’, les decían. Los detenidos bajaban esposados y los colocaban junto al portal de La Creu. Después, uno de los conductores daba en la puerta del camión dos o tres golpes fuertes con la mano. Luego respondía: ‘¡Ya va!’. Esta era la consigna para disparar. Los presos caían muertos al momento. Ellos habían acabado el trabajo y yo lo tenía que empezar». Así contó el enterrador de Porreres, Joan Rosselló, al historiador Tomeu Garí los más de cien asesinatos que presenció en la Guerra Civil. Él entonces no lo sabía, pero entre aquellas sombras del paredón había tres jugadores de uno de los mejores equipos de fútbol de la isla: el CE Constància.
Emili, Antoni y Josep Sancho Jorques, de solo 22, 26 y 30 años, eran tres hermanos valencianos que vivían y trabajaban en Inca. Como ha relatado el historiador Manel García Gargallo, compartían casi todo: eran zapateros, socialistas y jugadores de fútbol. Estaban afiliados a UGT y eran miembros de la Agrupación Socialista de Inca. Los tres jugaban en el primer equipo del Constància FC, que entonces era el campeón de Mallorca.
Cuando comenzó la guerra, los tres hermanos entraron en la lista negra de los golpistas. Los encerraron primero en el Claustro de Santo Domingo de Inca y luego en la prisión de Can Mir, un almacén situado donde está ahora el cine Augusta de Palma. Allí pasaron meses hacinados en condiciones insalubres con centenares de izquierdistas sin pasar por juicio alguno. El 12 de marzo de 1937 los sacaron y los llevaron en camión hasta el cementerio de Porreres. Allí, junto a La Creu, fueron fusilados con dos inquers más: el anarquista Rafel Llompart Reynés y el sindicalista Andreu París Martorell, abuelo de Maria Antònia Oliver, actual presidenta de Memòria de Mallorca. Los cuerpos de estos cinco ejecutados siguen desaparecidos.
Porreres se convirtió en un lugar de exterminio. Tomeu Garí y Manel Suárez han identificado a más de cien presos ejecutados en su cementerio de manera clandestina. Los sacaban de sus casas o prisiones y los hacían desaparecer. Una de las razones es el enorme poder de la Falange en el pueblo. Eso les daba seguridad para trabajar tranquilos. En 2016 el Govern balear abrió allí 13 fosas y recuperó 114 cuerpos.
Como ha explicado Manel García, el Constància «fue uno de los clubes más represaliados de España». Los franquistas también mataron al delantero del equipo, Jaime Gornés Vila; a uno de los fundadores, Miquel Pujadas Estrany, y al primer presidente, Miquel Beltrán Planas. Es decir, seis asesinados en total. El primer entrenador, Marc Ferragut Fluxà, se salvó por estar en la Península y luego sufrió prisión.
Los hermanos Sancho han recibido en los últimos años varios homenajes. El Ayuntamiento de Inca, gobernado por el PSIB, puso en 2019 su nombre al parking del estadio. Además, el pasado febrero les homenajeó en el Claustro de Santo Domingo con presencia de tres sobrinas de los asesinados. Asistieron también la expresidenta Francina Armengol y autoridades del PP, como la directora de Relaciones Institucionales del Govern balear,