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530. Manuel Egido, maestro de Fuentes Claras

La Tajadera (núm. 82-83), marzo de 2026

Durante muchos años los maestros han sido fundamentales para el impulso del progreso cultural y cívico de la sociedad en el mundo rural. Con pocos recursos y mucha voluntad consiguieron que amplias capas de la población, tanto infantil como adulta, tuvieran a su alcance medios y conocimientos impensables en un medio en que todo escaseaba hasta hace pocas décadas.

En el caso de Fuentes Claras, al menos dos de ellos han dejado un legado imborrable en el municipio: Fernando Mateo Ros, quien ejerció entre 1946 y 1954, de quien ya hablamos en el n.º 56-57 de la revista. Y Manuel Egido Soriano, protagonista en el presente número, quien a sus 92 años sigue siendo una figura recordada por la impronta que dejó en Fuentes Claras.

Manuel Egido (Manolo para los amigos) nació en Teruel el 27 de mayo de 1934 y pronto mostró aptitudes musicales que le permitieron formarse como trompetista, compositor y director de orquesta. Curso estudios musicales en su ciudad natal, donde coincidió con otra ilustre figura de nuestra historia musical: Antón García Abril. En 1948, con catorce años de edad y siendo educando en la Banda Municipal, ingresó como trompetista en la orquesta Los Marinos, lo que propagó su buen hacer durante dos décadas en dicho conjunto.

Entonces la música no siempre daba lo suficiente para dedicarse profesionalmente; por ello, cursó estudios de Magisterio y en 1958 se presentó a las oposiciones de maestro nacional, que aprobó y fue destinado a Fuentes Claras, donde ejercería durante catorce años. Al poco de llegar, dada la popularidad que le precedía como músico, algunos jóvenes del pueblo le pidieron que les enseñara solfeo y a tocar algún instrumento. Egido aceptó y, desde entonces, todos acudían al edificio de las Escuelas viejas (hoy desaparecido) para estudiar música y ensayar cada noche, una vez terminadas las faenas diarias del campo. 

De estos trabajos nació la orquesta Monterrey Jazz’s, cuya andadura comenzó en 1960 y dirigida por el propio Egido. La componían siete músicos, que eran los siguientes: 

- Mariano Pérez Pellicer, trompeta y guitarra.
- Ricardo José Pellicer Bella, saxofón alto y clarinete.
- José María Esteban Latorre, saxofón tenor.
- José María Zorraquino Rando, acordeón.
- Aurelio Moreno Salas, guitarra y trompeta.
- Ángel Cebrián Plumed, batería.
- Ángel Salas Romero, voz y percusión.

El conjunto debutó en las fiestas de San Antón de Barrachina y pronto se hizo popular, consiguiendo actuaciones en fiestas, bodas, verbenas, procesiones y cualquier otro acto que requiriera acompañamiento musical. Actuaron en numerosos pueblos de la provincia, llegando hasta algunas localidades de Zaragoza, Guadalajara y Valencia. Su repertorio era diverso, desde canciones de moda a pasacalles y marchas procesionales de los diferentes ritos religiosos.

Además, Egido impulsó una agrupación coral en Fuentes Claras y compuso diversas obras creando un repertorio local propio, como por ejemplo una marcha de procesión. Permaneció en el pueblo hasta 1972, cuando solicitó otro destino para que sus hijos pudieran cursar estudios superiores y fue trasladado a Torrent, cerca de Valencia. Su ausencia hizo que la vida musical local no fuese la misma y la Monterrey Jazz’s desapareció en 1976.

Sin embargo, Egido siempre mantuvo el vínculo con el pueblo, aun en la distancia. De hecho, su arraigo fue tal que en Fuentes Claras conoció a la que sería su mujer: Consuelo Pérez Beltrán, con la que tuvo dos hijos, Inmaculada y Carlos. Actualmente, jubilado desde hace años, sigue pasando temporadas en Fuentes Claras, donde es querido y respetado por todos sus convecinos, quienes tienen presente su legado pedagógico, musical y profesional; y, ante todo, humano. Que sea por muchos años.