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521. Miami recupera su frontón Jai-Alai mientras Mallorca aún llora la pérdida del mítico frontón balear

Última Hora, 14 de enero de 2025

Fue derribado en los años 70 y aún muchos lo consideran una de las primeras víctimas de la especulación inmobiliaria

Texto: Elena Ballestero

El histórico frontón Jai-Alai de Miami reabrirá el próximo mes de febrero tras someterse a una reforma integral coincidiendo con el centenario de la instalación, referencia del deporte y el entretenimiento, que fue un símbolo de la ciudad de Florida entre 1970 y 1980. La expectación es máxima.

Rebautizado como JAM Arena tiene capacidad para 1.500 espectadores. El jalai alai o cesta punta fue especialmente popular en Miami en los años 70 y 80. Antes de que se popularizaran el baloncesto y el fútbol, los residentes de la ciudad abarrotaban los frontones para disfrutar de una tradición con raíces en la cultura vasca. Mallorca no fue ajena a esa misma fiebre.

En la memoria colectiva aún perduran las tardes en el frontón balear del Paseo Mallorca, ubicado entre la calle Eivissa y la plaza del Fortí. Inaugurado el 31 de mayo de 1935 su construcción costó 300.000 pesetas y se sufragó en parte con mil participaciones de accionistas.

No en vano por aquél entonces el deporte gozaba de una enorme popularidad en la Isla y prueba de ello es que el frontón balear llegó a ser uno de los recintos deportivos más emblemáticos de la capital con capacidad para 800 espectadores.

Además de espectáculos de pelota, acogió combates de boxeo y partidos de fútbol. También se celebraron numerosos eventos sociales. Cerró definitivamente sus puertas el 16 de agosto de 1977 y fue demolido poco después. Su lugar lo ocupan hoy varios bloques de pisos. Ya entonces la afición designaba el mítico frontón como una víctima de la especulación inmobiliaria, ese concepto tan en boga en estos tiempos que corren.

Lo cierto es que la instalación gozó de una importante fama dentro y fuera de la Isla hasta el punto de que llegó a acoger el rodaje de la serie de televisión estadounidense El hombre que nunca existió en el año 1966. Era un thriller de espionaje basado en un caso real, la llamada 'operación Mincemeat', en la que los británicos utilizaron un cadáver con identidad falsa para engañar a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. En la serie se incluyeron imágenes rodadas en Mallorca de un partido de los hermanos Ibarra contra Orbegozo y Arteche. Poco tiempo después del estreno fue el frontón de Mallorca el que se convirtió en un cadáver.

El frontón Jai Alai no solo dejó en la memoria de los baleares imágenes de aquellas tardes inolvidables, también contribuyó a crear una cantera balear del deporte integrada por grandes nombres como Ferragut, Martorell, Esteva o Curri en un sector dominado por los vascos. Chino Bengoz, que se convirtió en campeón del mundo en 1970, había debutado como jugador profesional en 1956 en el frontón de la Isla.

De aquellos años dorados, el deporte de la pelota pasó a un declive total. El mallorquín Toni Cañellas que se define a si mismo como un «amante de los deportes minoritarios» sueña ahora con recuperar su esplendor en Mallorca.

¿Por qué fue tan popular? «El deporte de la pelota ya era bastante conocido a nivel mundial. La diáspora vasca hizo que en los lugares a los que emigraban los vascos se construyeran frontones, generando afición en todo el mundo. Con la llegada de la transición y el impulso económico que abrió la puerta al desarrollo urbanístico en Palma, el frontón balear acabó siendo más apetecible como negocio inmobiliario que deportivo en un momento de declive para este deporte en la Isla», reflexiona.

Cañellas recuerda que el frontón de Sineu también cerró en la misma época, aunque nunca fue demolido. Ahora no solo vuelve a estar operativo sino que junto con la Casa Vasca, juega un papel en la recuperación del deporte de pelota. «El de Sineu reabrió hace dos años. Un empresario madrileño que lo vio, hizo una inversión importante y ahora es el referente de los frontones de Mallorca. Aparte de hacer torneos entre la Casa Vasca de Mallorca y el Sineu ha acogido ya algunas demostraciones de pelotaris vascos», añade.

Otros frontones que empiezan a recuperar la actividad son el de Son Rapinya en Palma y el del Mateu Canyelles de Inca. La Casa Vasca está también en conversaciones con el Santuari de Lluc con la idea de recuperar la actividad deportiva en su frontón, con una imponente pared recubierta de piedra. Planea hacer allí algunas demostraciones para los alumnos de la escolanía de los blauets.

Aunque el mítico frontón balear es el que ha perdurado en la memoria de los baleares que vivieron aquellos años dorados, lo cierto es que no sería justo atribuirle todo el mérito. Manuel García Gargallo, investigador y escritor especializado en historia del deporte mantiene que hubo otro frontón, menos recordado en la Isla, que fue el pionero de la fiebre balear por el Jai-Alai.

«A finales de los años 20 la antigua nave industrial de la fundición Can Maneu de Palma funcionó como frontón. Fue el primer frontón balear aunque apenas duró tres o cuatro meses», explica.

Recuerda que los antiguos talleres albergaron un frontón de 1.000 metros cuadrados que contaba con una pista de 50 metros de largo y 20 de ancho, un tamaño nada desdeñable teniendo en cuenta que el mítico frontón balear del Paseo Mallorca acabaría teniendo una pista de 60 metros de largo y 10 de ancho.

«En 1935 comenzó la construcción del frontón balear que la mayoría recuerda, fue un edificio revolucionario en una época en la que la mayoría de frontones estaban en el País Vasco, Madrid y Barcelona. Hasta entonces cualquier pared servía para jugar a pelota. La afición ya existía, pero fue in crescendo y se decidieron a construir un edificio más capaz en Mallorca», relata el experto.

«Los años 30 fueron un momento de eclosión de muchos deportes. Hasta entonces el ciclismo en pista y el fútbol eran los que dominaban, pero se vivió un incremento de la afición deportiva en general. Otros deportes como el boxeo emergen en esa misma época y hubo pelotaris vascos que hicieron carrera y se establecieron aquí. Vinieron sobre todo de País Vasco y Navarra en los años 50. Con el tiempo las nuevas generaciones no continuaron con el deporte como profesionales o se marcharon a Florida», explica García Gargallo.

¿Cómo es posible que el deporte de pelota prácticamente desapareciera en la Isla? «A finales de los años sesenta o principios de los setenta, cuando empieza el monocultivo del fútbol se lo come todo. Incluso el ciclismo en pista que era el principal deporte empieza a disgregarse y perder fuerza», opina el experto.

Recuerda que hay otro factor que resultó decisivo: «Cuando aparecen las quinielas, las tragaperras y otras vertientes del juego, las apuestas (que eran la principal fuente de ingresos del frontón balear) empezaron a estar de capa caída y eso afectó al frontón y a otros deportes». Fue entonces cuando surgió la oportunidad de un negocio más rentable. «Estaba en el Paseo Mallorca, el espacio que ocupaba el frontón se vendió por 2 millones y se revendió por una cantidad mucho mayor, como de 100 millones, en una operación de especulación inmobiliaria», dice García Gargallo.

Aunque nunca llegó a verlo, porque entonces no vivía en la Isla, explica (por las imágenes que se conservan) que el edificio del frontón «era precioso, monumental» y opina que «valía mucho la pena conservarlo». «Parece que lo diseñó Gaspar Bennàssar y que cuando murió se hizo cargo su amigo Alenyar, era un edificio de primera línea con un gran valor patrimonial, pero también estaba en una zona muy golosa en un momento de declive de la pelota. La especulación precipitó final», concluye.