69.- El Manifiesto del Grupo Ramón Llull

Última Hora, 8 de junio de 2008
Diario de Mallorca, 14 de junio de 2008

Ayer leí el manifiesto del "Grupo Ramón Llull", que nace con la intención de proporcionar ideas a la sociedad balear actual desde una perspectiva liberal. Veo estas pretensiones como totalmente oportunistas y faltas de una mínima objetividad. Casi todos ellos son septuagenarios (o cercanos a esa edad), y tiempo sobrado han tenido de intervenir si la situación era tan grave. Su liberalismo mezcla convicciones ideológicas personales con opiniones sobre la sociedad civil muy discutibles.

El manifiesto deriva hacia el tema lingüístico, y se olvida completamente de temas mucho más imperiosos para la sociedad a la que creen entender. Hablan de una lengua que ellos nunca usan al escribir. Opinan sobre ideas políticas de manera sensacionalista y menospreciante. Se dirigen a los baleares, pero enseguida hablan como mallorquines. Denuncian hechos como su fuesen consumados y evidentes, capacitados para ver las verdaderas necesidades de la ciudadanía a la que han de advertir y movilizar.

A diferencia de los "think tank", este grupo sólo ofrece una visión nacionalista de la vida en todos sus aspectos. Más de lo mismo, tanto por sus convicciones como por sus fobias. Ni una palabra acerca de cómo mejorar la vida de los ciudadanos. Nada sobre los problemas cotidianos. Sólo hablan de lengua, de identidad, no existe nada más.

Es el colmo de la autocomplacencia, de personajes que no han sabido renovarse ni retirarse honrosamente. Da la sensación de que quieran llamar la atención por enésima vez, nada conscientes del anquilosamiento de sus ideas. El envoltorio liberal de su discurso esconde un nacionalismo español de base y anticuado, empeñado en crear polémicas innecesarias.

La lectura de sus habituales colaboraciones en medios escritos da una permanente sensación de cerrazón, soledad personal y dogmatismo. De manifiesta incapacidad de argumentar y matizar sus opiniones ante quienes no piensan como ellos. Con frecuencia menosprecian a quienes no piensan igual, cuando no insultan. Son un malgasto de erudición puesto al servicio de un ego desmesurado o de oportunismo político.

Con frecuencia son altivos, marcando distancias ante una plebe a la que se creen con el derecho de adoctrinar. Se pasan la vida pivotando en torno a unas pocas ideas, que más que profundas son obsesivas. Y ven el debate de ideas como una gracia concedida por ellos y no un derecho, siempre que se llegue a las conclusiones por ellos deseadas.

Su liberalismo es un individualismo mal entendido, que no defiende ideas colectivas sino personales, enfrentadas a un mundo que no les entiende. Solo algunos medios de comunicación les permiten seguir martilleando. Otros se hubiesen retirado de la vida pública, pero se creen demasiado indispensables para ello. Dado su aislamiento, se me antoja imposible que lo entiendan. El páramo ideológico que denuncian es sobretodo mediático, dando pábulo a individuos así que vulgarizan la vida intelectual de las islas, mientras tanta gente trabajadora de bien sigue en el anonimato cotidiano.

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