82.- Expo Palma 2023

Diario de Mallorca, 19 de septiembre de 2008

A Palma, como octava ciudad española en número de habitantes, le falta albergar un acontecimiento de gran trascendencia mundial que la transforme y le dé un empuje a escala internacional. Algo para lo que esté capacitada por su entorno insular y sus dimensiones, y que beneficie a la ciudad durante y después de su celebración. Y sobre todo, que justifique una apuesta inversora fuerte por parte del Estado.

Las exposiciones de Barcelona (1888 y 1929) y Sevilla (1929 y 1992), supusieron un enorme impulso urbanístico para sendas ciudades, como lo ha supuesto ahora para Zaragoza. Madrid prepara sus olimpiadas para 2016. Bilbao ha remozado todo el entorno del Nervión, coronado por el Guggenheim. Valencia tiene su Ciudad de las Artes y las Ciencias. ¿Qué tiene Palma en cartera? una expo podría ser el motor.

Según el BIE (Bureau International des Expositions), organismo encargado de regular estos acontecimientos, han de pasar quince años hasta que un mismo estado puede albergar una expo. Por tanto, hasta 2023 no sería posible en España si se plantease. El BIE distingue dos tipos de exposiciones: universal (sin un tema concreto, y hasta seis meses de duración) e internacional (de temática más concreta, recinto ferial más reducido, y tres o cuatro meses de duración).

Por sus dimensiones, para Palma sería más adecuada la segunda opción (que ha sido la misma que Zaragoza). ¿Quince años son muchos? permite planificar con tiempo y ventaja. Las ciudades interesadas en ser sede están ocupadas en preparar su candidatura para la expo internacional de 2017 y la universal de 2020. Son candidaturas ya avanzadas, y por ello no precisamente fáciles. Nadie ha pensado -todavía- en 2023.

La Expo de Zaragoza se ha clausurado con un bagaje calificado de discreto: no se han conseguido los visitantes previstos, ni la repercusión internacional esperada. Eso sí: su preparación ha reportado unos beneficios a la ciudad que van más allá del evento en sí. Durante varios años, obras e inversiones han convertido la capital maña en una gran urbe moderna, de acuerdo con su nivel de quinta ciudad del estado. Las olimpiadas de Barcelona también sirvieron para resolver deficiencias arrastradas durante más de veinte años, gracias a las magnas inversiones estatales, y convertirla en el referente mundial que sigue siendo.

Sería una insensatez proyectar grandes moles urbanísticas y macroproyectos, algo antinatural en el urbanismo palmesano. Una candidatura alternativa, de infraestructura sencilla y sostenible, con carácter propio, podría ser más atrayente que grandes megaproyectos urbanísticos. Sería un propósito que ilusionaría a los ciudadanos, que generaría orgullo de ser habitantes de Palma, y que espontáneamente los implicaría en el devenir de la ciudad. Tal como ocurrió en otras ciudades con este tipo de acontecimientos, hoy con nueva y reforzada identidad.